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Cosmovision Aymara

Este culto se articula en torno a tres divinidades claves, sobre las cuales es posible construir la imagen de una mesa apoyada en sus tres patas. Una de ellas es el Mallku (espíritu de las montañas que circundan sus pueblos); la otra es la Pachamama (madre tierra, cuyo culto se realiza en la zona altiplánica) y la tercera, Amaru (la serpiente que se liga a la economía de las aguas de los ríos y canales en la zona agrícola). Estas tres divinidades simbolizan lo que se denomina Acapacha o mundo de acá.

Mallku (espíritu de las montañas que circundan sus pueblos)

Cada pueblo del altiplano tiene sus cerros a los que adjudican cualidades, tanto de protección como de castigo. Los aymaras hablan respetuosamente del Mallkus; y no sólo eso, también dialogan con él. Representa la fuente de la vida, pues por sus blancas cumbres, en épocas de deshielo, cae el agua que lentamente va regando la vida. El Mallku halla su mejor representación en el cóndor, animal majestuoso y respetado. En una fecha movible, en el mes de enero, se realiza su culto en la falda del cerro. En el lenguaje ritual, esta celebración se conoce con el nombre de Día del Compadre. En orden de importancia del culto aymara, el Mallku representa la cumbre, no sólo geográfica, sino también jerárquica.

Pachamama (madre tierra, cuyo culto se realiza en la zona altiplánica)

Más abajo, no ya en las frías cumbres sino en el altiplano propiamente tal, se enseñorea con su bondad y también con su indiferencia o castigo, según sea el caso, la Pachamama. En enero o febrero, en el corral de los animales se lleva a cabo la fiesta del Floreo de los Llamos. El puma, el lagarto o el sapo son los animales que indistintamente la simbolizan. Los motivos principales de demanda para esta divinidad se relacionan con la abundancia de la vida, agua, etc. y con la fertilidad y prosperidad del ganado.

Para entender lo que representa la pachamama, empezaremos por decir que este término está formado por dos vocablos pacha y mama. El primer término, de claro origen aymara, se suele traducir como tierra, pero su real significado es espacio y tiempo, y no uraqi ( tierra física), como suele confundirse.

Según la tradición meztiza, se asocia a pachamama con la madre tierra, e incluso con la Virgen María, pero en el contexto aymara esta "deidad" suele relacionarse con la fertilidad exhuberante, los alimentos y la protección. Pachamama sería una categoría cósmica que mantiene un vínculo de correaspondencia y reciprocidad con la sociedad aymara. "Ella" les brinda el fruto de su esfuerzo a los hombres, y ellos, a cambio le ofrecen "pagos" en libaciones en el ciclo agrícola vital, en épocas determinadas del año.

Amaru (la serpiente que se liga a la economía de las aguas de los ríos y canales en la zona agrícola)

Amaru, por su parte, tiene que ver con el agua que corre por los ríos y vertientes que hacen posible el sueño de que la semilla se transforme en hortalizas. Se relaciona con la precordillera, zona apta para la agricultura. El pez y la serpiente son los animales que lo simbolizan y su fiesta, en el mes de agosto, es la limpieza de los canales que se lleva a cabo en los campos regados.

El culto a estas tres deidades representa la más antigua celebración de los aymaras de la actualidad y en la que el jefe de familia, el más antiguo y depositario de la tradición, es el que oficia de celebrante. El centro neurálgico de esta celebración está en el culto a la fertilidad, al agua que da la vida; a Mallku como generoso dador de aguas de las montañas; a la pachamama como modelo de la generosidad, por cuya voluntad los campos pueden vestirse de verde; a Amaru, como el principio que distribuye las aguas de riego que bajan presurosas por los canales y terrazas, que el hombre andino construyó como quien pone estantes de libros en la pared. Estos tres elementos, son los que permiten que el llamo, el hombre y la mujer enciendan la llama de la vida.

Fácil es advertir que este culto tiene su expresión en la percepción del espacio de los aymaras, visto en tres niveles diferentes pero complementarios: las altas cumbres, la cordillera para el pastoreo y su agricultura de complemento y los valles y quebradas de la precordillera con su agricultura de terrazas que parecen colgadas del cielo.

La mirada de los aymaras siempre tiene como su principal objetivo el Oriente. Allí se genera la vida, en el nacimiento de las aguas. De ahí que sus casas y templos siempre están mirando respetuosamente hacia los Mallkus. El Occidente, por otro lado, indica el signo contrario. Allá van las aguas que van a morir de sed al desierto de Atacama. En esa dirección también se marchó Wiracocha, el dios creador andino, una vez que creó la vida.

Acapacha es el mundo de los aymaras que se agota en sí mismo. No existe en la concepción aymara la idea de un edén y de un paraíso final. Es un mundo en el que la presencia de estas deidades participa diariamente en el drama de la vida, drama en el sentido que importa. La vida se produce y reproduce en términos cíclicos y los especialistas religiosos de este culto son los propios aymaras.

Los aymaras del norte grande de Chile han sabido, pese a todos los embates del catolicismo y del protestantismo, actualizar cada año estas fiestas. Y es que saben que los Mallkus, la Pachamama y Amaru son vitales para su subsistencia.

 

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